Gastronomía

 

La huerta de Jérica ha sido generosa desde los tiempos más remotos con los productos que ha ofrecido a sus agricultores. Tierra de la cual se han obtenido grandes cosechas. Legumbres, cereales, tubérculos, antaño el cultivo de la vid, campos de olivar y almendros y sin olvidarnos de los frutales, han llenado las cocinas y mesas de sus hogares.

Cada estación del año daba un producto, cada estación del año tenía su plato.

No podemos olvidarnos de sus carnes. Casi en cada casa había un cerdo, gallinas o conejos u otro animal que se sacrificaban para que la familia pudiera alimentarse. Tras el matacerdo, una actividad social y familiar, chorizos, longanizas, morcillas, pancetas.... colgaban de alguna viga de madera del hogar para mantenerse comestible y durase todo el invierno hasta que en primavera la huerta volviese a nacer y ofrecer su gran variedad de productos.

Tampoco de sus pescados. Si bien en el río se criaban cangrejos, anguilas, barbos, entre otros, practicamente han desaparecido.

Si bien en la actualidad la cocina tradicional se ha ido desplazando de nuestros hogares, todavía sobreviven algunos de ellos. Como dice el refrán... A Santa Águeda, morro en la olla.

La Olla Jericana, el Arroz al Horno, el Pingano, la Mona de Pascua (no la del huevo de chocolate, si no la de carne de toda la vida) o la Cenceña todavía se hacen y pueden degustarse.

De más reciente creación, el pastel llamado Jericano endulzará nuestros paladares en la sobremesa mientras tomamos un café, te o infusión.